El Escorial
Aunque ya lo deben haber oido de otras personas, estoy encantado con el sistema de transportes que hay en Madrid, y con la información que uno puede obtener para llegar a cualquier lado. Además de las líneas del metro (12) y de los buses que recorren la ciudad, también hay trenes de "cercanías" que llegan a lugares en tramos intermedios y que son bastante económicos, además de funcionar como reloj en los horarios. Salí entonces de la casa hacia la estación de trenes de Chamartín, al norte de la ciudad, y compré un pasaje en el tren de cercanías que va a El Escorial, y que estaba por salir en ese momento.
El viaje dura cerca de una hora, con un paisaje muy agradable, con lomas suaves y verdes gracias a la lluvia que ha caído últimamente. Al llegar al pueblo de San Lorenzo del Escorial, a un par de cuadras de la estación de trenes, está el parque de la casita del príncipe, que al parecer tiene muchos tipos de árboles distintos y todas esas cosas que de verdad yo no se apreciar mucho, excepto por la sombra que dan. Como la casita estaba cerrada me fui directamente al monasterio subiendo por la calle, por no darme cuenta de que uno de los senderos del parque
llega directamente al palacio, así que el sol me acompañó en el camino de subida.
A medida que uno se acerca el gigante va apareciendo de a poco entre los árboles que están plantados pocos metros antes del fin de la calle.
Es un edificio impresionante, aunque estéticamente se nota que se optó por una línea bastante sobria, con paredes muy lisas y mucha piedra. El paisaje desde lo alto del cerro es también muy bonito, la ubicación es privilegiada (bueh..era de los reyes).
El tour, que se inicia por el palacio, incluye una visita al museo de tapices, donde lo que me llamó la atención fue uno que es casi una copia de "el jardín de las delicias", este tipo arte nunca ha sido de mis favoritos así pasé a la siguiente etapa, la que seguramente vuelve locos a arquitectos, constructores e ingenieros, el museo de la construcción del palacio-monasterio-sepulcro, lleno de maquetas y planos y herramientas que se usaron para levantar el edificio, bonito, interesante, pero no es mi campo. Inmediatamente viene toda la colección de cuadros, en su mayoría de motivos religiosos dado el carácter del lugar, y el resto, obviamente, de muchos próceres y viejas feas que paseaban en esa época por este mundo, otros tantos de batallas y muy pocos dedicados al clásico "tema libre" que tanto nos inculcaron en el colegio, todo esto dependiendo de la sala del palacio en la que uno se encuentre, la de los reyes, la pieza del rey o de la reina, las múltiples recepciones, etc.
Luego viene el verdadero propósito de la visita, y también el verdadero propósito con el que fue construido este lugar, las tumbas de los reyes. En contraposición a la austeridad exterior del edificio en este sector se nota que no escatimaron ni en gastos ni en decoración, comenzando por el pasillo que conduce a la cripta bajando por una escalera, todo de mármol negro, paredes y suelo, con adornos dorados y espectaculares lámparas. El panteón principal es impresionante unos 30 ataúdes de mármol negro que contienen los restos de reyes y reinas desde el famoso emperador Carlos V en adelante, hasta Alfonso XII, todos ordenados de arriba abajo en columnas de 4 componiendo un circulo que rodea el altar de la capilla, con una cúpula muy adornada que en su centro tiene una gran lámpara dorada. Todavía hay 3 ataúdes vacíos, pero al parecer ya han sido reclamados por sus dueños y sólo están esperando estar en condiciones de trasladarse a la capilla, ya que según dicen tienen que estar primero 40 años en otro lado, así que ni Juan Carlitos, ni Sofía, ni Felipe, ni Leticia van a descansar en este palacio.
Desde aquí me el recorrido sigue hacia lo que para mi fue lo más impresionante del trayecto, las tumbas de los infantes, por supuesto muchas más que las de los reyes. Aquí descansan todos los que algún día fueron herederos de algo y no alcanzaron a obtener su herencia, muchos de corta edad y otros algo más maduros. Estando frente a estas tumbas sentí una extraña sensación. Pensar que aquí están los que podrían haber escrito la historia de otra manera, aunque no todos estaban destinados a ser reyes y reinas, seguramente entre ellos se encuentra más de algún primogénito con derechos legítimos al trono, personajes que pudieron haber influido, mucho más que una persona cualquiera o un acto providencial que ocurre sin conciencia, en el desarrollo de nuestras propias vidas, del mundo moderno. Aquí está realmente la historia que se llevaron a la tumba todos estos personajes. Tal vez muchas de las cosas que hoy conocemos, principalmente por ser "hijos de España" no estarían hoy en su sitio, con muchas más probabilidades de que si el abuelo tal llegó a conocer a la abuela tal, porque no me refiero a la existencia personal de cada uno, sino a la de nuestros países y costumbres, nuestra religión, nuestro sistema político y tal vez muchos de nuestros ideales.
Después de tanta reflexión volví al palacio a encontrarme con inmensos salones y los cuadros correspondientes, con techos muy decorados y algunas esculturas. Para mi gusto los salones más destacables, lassalas capitulares.
Una vez terminado el recorrido del área del palacio, y luego de pasar por la galería de las batallas, se llega al monasterio, con un par de capillas laterales en el pasillo que conduce a la gran basílica. Una iglesia de proporciones impresionantes que se oculta dentro de este gigante. No hay mucho que decir salvo destacar el altar, muy bien decorado, y la espectacular cúpula, el resto simplemente grande yespectacular, para quedarse con la boca abierta.
Pensando que ya todo se había terminado me encontré en mi camino hacia la salida con un cartel que indicaba el camino hacia la biblioteca y, luego de pensarlo un poco porque no me llamaba mucho la atención ver libros que no se pueden tocar, decidí subir, total había pagado por esto (nuevamente tarifa de estudiante) y nunca se sabe cuando podrá uno volver a estos lugares. Creo que fue una de las mejores sorpresas, la biblioteca es preciosa, los libreros de madera, la iluminación, el suelo y principalmente el techo que está decorado completamente con frescos. Un lugar ideal para instalarse a estudiar, si no hayinspiración ahí, no se me ocurre donde.
Una vez fuera tomé las fotos de rigor y me fui en busca de la silla de Felipe II, un dato que me había dado Héctor "bajas un poco, entras en un bosquecillo y llegas a esta piedra donde Felipe II se sentaba a mirar el paisaje y los avances de la construcción del monasterio". Bajé un poco, otro poco, otro mucho y nada de sillas, ni de señales de ella. Lo único que había visto era un plano en la calle que me indicaba que iba en la dirección correcta, pero que por sus dimensiones el recorrido no debería ser más que la distancia a la estación de trenes, pero ya llevaba bastante más que eso cuando llegué a la carretera y me encontré con una flecha que me invitaba a cruzarla si quería ver la famosa silla. Ahí fui a dar con otro plano, mejor dimensionado, que me mostraba los detalles del parque, y me indicaba que para llegar a la silla tenía que subir una distancia similar a la que ya había bajado. Lo único que pasaba por mi cabeza eran las alternativasde "agradecimientos" para Héctor.
Luego de 45 minutos de caminata llegué al fin a la silla del monarca, que verdaderamente tiene una vista espectacular del valle y del monasterio. Con mi objetivo cumplido se me olvidaron los malos pensamientos y, como todavía era temprano, decidí aprovechar de visitarla ciudad de Ávila y sus famosas murallas.


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